miércoles, 20 de abril de 2011

A orillas de ese mar


Entonces se detuvo el universo. Comenzó la danza del ocaso.
Poco a poco y al ritmo de la luz iniciaste el decenso.
El mar paró de rugir, el viento de soplar, la arena de volar
y los pájaros de merodear. Todos adoraron con profunda devoción
la danza celestial. Mi corazón se estremeció y Tú, una vez más,
despertaste en él el amor universal.

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