Pasé noches sin buscarte, días creyendo no necesitarte. Lo días se convirtieron noches y las noches grises telones.
Me llamaste. Me llamaste a gritos. Y creí no necesitar escucharte. Me llamaste con más fuerzas y te busqué en la tierra más fresca.
Fui. Me arrodillé. Me senté. Me acosté. Me quedé horas interminables escuchando tu sonido. Y como si fuera la primera vez me enseñaste que para sonreir sólo hacía falta volver a sentir.