Sentada en la punta de una rama,
al borde del precipicio,
me animo.
Me dejo caer
sabiendo que no voy a tocar el suelo,
pero que en algún momento lo voy a traspasar.
No importa si me lleva segundos.
No importa si me lleva una inmensidad.
De todas formas sé
que cuando llegue
será para la eternidad.
