Un ráfaga de fuego podría salir de mi boca
rosar tu cara y no quemarte ni un pelo.
Pero algo la detiene.
Una llama de viento sur podría salir de abajo de mis uñas
rodearte por completo y acariciarte suavemente la espalda.
Pero no sale.
Está ahí, en el centro del pecho, generándose.
Pero exactamente en el mismo lugar aparece un stop.
Luchan.
Burbujean.
Se revolucionan.
Se disputan dos fuerzas.
O una se calma
o van a terminar explotando en el medio de tu cara.
domingo, 2 de mayo de 2010
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