Un plato de azúcar, entonces, por favor - dijo la mujer de pelo carré
y muy morocho.
El camarero sonrió, la miró a los ojos
y descubrió que allí había un parque de golosinas de todas
las formas, tamaños y colores. Lo único que faltaba era azúcar.
Enseguida se lo traigo- respondió-. Hoy, invita la casa.
Enseguida se lo traigo- respondió-. Hoy, invita la casa.

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